Las alteraciones anatómicas y funcionales de la glándula tiroides tienen un alto grado de prevalencia en todas las edades y en especial en el sexo femenino.

Suelen ser cuadros poco definidos, con una serie de síntomas diversos y de lenta Progresión por lo que en la mayoría de las ocasiones se llega al diagnostico de manera casual y con retraso.

El profesional debe mantenerse alerta ante cuadros sugerentes de alteraciones funcionales tiroideas y ante los hallazgos clínicos que precisen descartar dichos déficit funcionales y realizar búsqueda activa en las poblaciones de riesgo (Anexo I).

La prevalencia de hipertiroidismo es de 2,8% en mujeres, con una tasa de casos no conocidos del 0,6-1%. El hipotiroidismo clínico afecta al 1,4-2% de los adultos y hasta el 1,3% de los casos no se diagnostican.

Aspectos claves para el diagnostico son el tamaño y morfología de la glándula, aspecto que obtendremos a través de la palpación. Nos apoyaremos en pruebas de imagen como la ecografía y la gammagrafía.

Para establecer el diagnostico de disfunción tiroidea se solicitara la determinación de TSH, considerando que valores normales de la misma descartan prácticamente una enfermedad funcional tiroidea.

La FT4 nos permite valorar la severidad de la alteración y su seguimiento. La T3 tiene una utilidad limitada.

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Publicado el

18/01/2017